Las 10 plagas de Egipto

A cuatro semanas de volver a casa de vacaciones por primera vez desde que llegué, el país ha comenzado a inflingir una serie plagas sobre mí, como si de Moisés me tratara, en un ademán de hacer que mis ganas de pisar mi tierra natal se multipliquen (ya sé que últimamente hago muchas referencias a pasajes bíblicos, pero no se puede renegar de las educación recibida) 

    Comenzó con el agua. Exactamente 4 dias sin agua. Sin poder ducharme, lavar platos, usar la cisterna o limpiar la casa. Nunca me había dado cuenta realmente de lo necesaria y ubicua que es. Sólo puedes valorarla realmente cuando te ves lavandote el pelo con agua calentada en una olla. Agua recogida en botellas en el hospital (donde hay un pozo) y llevadas en bolsas de la compra en un taxi; vamos la manera moderna de lo que hacian nuestras abuelas. Tras 96 horas el grifo volvió a estar lleno (a punto de invocar al dios de la lluvia con bailes africanos)

    Siguió con la luz. Habiamos tenido en otras ocasiones cortes de electricidad en casa, pero esta vez ha sido en la ciudad entera. El hospital quedándose a oscuras continuamente, y el personal rezando para que volviese rápido. Afortunadamente son cortes de poco tiempo (aunque se siguen manteniendo)

    Y por último han llegado las infecciones. Desde la ultima semana llevo una faringoamigdalitis, una gastroenteritis y un catarro que se mantiene y que parece que se convertirá en sinusitis si no consigo aplacarlo. Y que no se me olviden  los mosquitos. Esos diablos voladores que han comenzado a picarme incansablemente, como si mi cuerpo fuera barra libre de sangre.

    De momento, han llegado tres plagas. Espero que el faraón se rinda pronto y que me deje ir a casa sin necesidad de más desgracias

    P.D. La foto es del fin de semana. Había que desconectar un poco 😉

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