La vida tranquila

Los meses han pasado y ya no se pueden contar con los dedos de las dos manos los que llevo en estas tierras. La vida se ha estabilizado y el tiempo pasa tranquilo sin sobresaltos. Eso no significa que el país no me sorprenda constantemente, que lo hace, sino que finalmente me he hecho a la vida guineana, aceptando todo como parte normal del día a día.

Bata se ha convertido en mi segunda casa y es una casa agradable. Es agradable ir al mercado y que las señoras que venden fruta te conozcan porque siempre vas allí. Es agradable que el camarero de tu bar local preferido sepa que tú siempre pides pescado con plátano y no pollo con patatas. Es agradable que las madres de los niños que ingresan te pidan el teléfono porque se fian más de ti que de nadie y que se refieran a ellas como «tu mamá» cuando hablas con ellas. Pero lo más agradable que hay es que mientras vayas por el pasillo de la pediatría venga un niño de poco más de un año corriendo para engancharse a tus piernas. Que tengas que ver la Bella y la Bestia con él porque no se quiere separar de ti; y que finalmente se duerma en tus brazos mientras que la película continúa. Ese mismo niño que hace no mucho pensaste que moriría porque estaba muy grave y no sabías que más hacer.

Muchas cosas echaré de menos de este país cuando me vaya, pero nada comparable con los niños guineanos.

P.D. añado una foto de Bata al atardecer. Sin filtros. Solo magia

Triste historia de Navidad

Como buena tradición médica de no perderme algún festivo en la Urgencia, ayer me tocó trabajar 24 horas. Son los gajes del oficio. Esperaba al menos que hubiera suerte y fuera tranquila
Pero en el hospital no hay descanso ni tregua por Navidad; niños y adultos tienen que mantenerse en la batalla para poder ganar la guerra, o al menos, esta vez. 

Hoy la batalla de uno de mis pacientes prematuros acabó. Ingresado desde hace 10 días junto a su hermana gemela, estuvo luchando hasta que su pequeño cuerpo de apenas 700 gramos no pudo más. El corazón desgarrado por la infección no consiguió un latido extra.  Sus párpados pesaban demasiado para volver a abrirse. Y así, silencioso se fue de nosotros. 

Un silencio que no pasó desapercibido por su hermana que, con la cabecita mirando hacia él, derramó pequeñas lágrimas a modo de despedida

No hay nada qu pueda hacerme olvidar esa imagen. Permanecerá en mí como una pequeña cicatriz interna. Ahora solo queda esperar que la hermana se mantenga fuerte y que gane a la muerte. Por ella. Por los dos.

Get out of your comfort zone

La vida es una carrera y el tiempo es tu peor adversario.  Él, entrenando cada día para la maratón de Nueva York con su ropa fitness. Tú, con tu chándal viejo y en peor forma que los novatos del gimnasio que se apuntan tras las navidades para sentirse menos culpables por las comilonas.  Te esfuerzas al máximo pero el tiempo es mucho más rápido; un Bolt en los juegos olímpicos.  Y no te queda otra que intentar cambiar las percepciones. Tú, que intentabas atrapar cada instante y hacerlo único y que te fuiste a Guinea para revolucionar tu vida te acomodas en la rutina y en el quehacer diario. Has vuelto a tu zona de confort. Aunque vivas en un país alejado de la mano de dios y olvidado por el resto del mundo. Aunque te falte internet la mayor parte del tiempo y el agua vaya a trompicones. Aunque la palabra ocio no tenga mucho significado.

El tiempo te reta a una carrera y vuelves a notar esa vocecilla que te pide escapar de lo cotidiano y embarcarte en nuevas aventuras. Tratas de convencerla de que todavía no es el momento, de que en los 7 meses que llevas en esta nueva vida no te ha dado tiempo a oxidarte. Y le prometes que buscarás opciones para no quedarte parada. Al fin y al cabo eso es lo importante, no parar y seguir avanzando. Das un pasito pequeño para delante y la vocecilla se calma.  Hemos ganado un poco de distancia al tiempo.

Si te quieren te dejarán marchar

Por fin vuelta a casa. Un respiro de dos semanas. Había pasado tanto tiempo en Guinea que ya el concepto de volver al hogar por vacaciones se me hacía raro. Ya no sabes si han dado mil vueltas las agujas del reloj desde que te marchaste o se quedaron paradas en el momento que dejaste tierra española. Y comienzan los reencuentros. Vas con miedo. Mucho miedo. Miedo de que las vidas de los otros hayan podido seguir sin ti porque, ¿si mi vida sin mí no tiene sentido cómo podrían las de los demás? Esperas que por algún milagro se hayan detenido para que no te hayas perdido nada. Y en un principio todo parece igual, aunque la sensación de tensión que te recorre todo el cuerpo te advierte de  que no te puedes fiar. Dos frases más tarde tienes que aceptar que los meses han pasado y que la gente ha seguido sin ti. El mundo ha avanzado y te has quedado atrás ¿Podrás recortar la distancia en estos días o lentamente irán alejándose de ti hasta que no veas dónde quedan sus pasos? El miedo vuelve con más fuerza. Sigues conversando para hacer que tu mente no se nuble. Charlas al principio sobre lo que has vivido allí. Las cosas parecidas, las cosas diferentes. Como si de una tesis se tratara y fuera el día de la defensa. Pendiente de si aprobarán tu decisión de haberte ido. Te mantienes firme en el atrio esperando su decisión. Y de repente, como si nada hubiera pasado desde tu último abrazo meses atrás, el diálogo pierde sentido. Hablas de la anécdota del dia anterior. De la película que quieres ir a ver al cine o del último cotilleo. Risas, risas, risas. Risas sinceras, risas que te abrazan, risas cálidas y conocidas. Risas que te hacen llorar. Risas que te quieren y hacen que el tiempo y la distancia no sea un problema. Risas que siempre estarán ahí.

Quien te quiere te dejará marchar. Y tú siempre volverás a ellos.  

Donde el viento te lleve

A veces los caminos no llegan donde esperábamos. A veces no somos capaces de llegar donde queríamos. A veces damos vueltas para llegar al mismo punto de partida. Hoy, a pesar de tener las indicaciones y google maps, nos hemos perdido yendo a una playa. El camino era a través de la selva y sólo teníamos árboles como paisaje. Vueltas y vueltas, carreteras que acaban de manera abrupta y más allá solo hay frondosidad. Tras una hora desandando los caminos y cogiendo nuevas rutas nos hemos rendido. No siempre se puede ganar, y es bueno aceptar que has sido vencido. Al fin y al cabo lo importante es el viaje y no el destino.  Las vistas merecían la pena. La selva siempre es sobrecogedora. Nunca es una derrota completa. 

Las 10 plagas de Egipto

A cuatro semanas de volver a casa de vacaciones por primera vez desde que llegué, el país ha comenzado a inflingir una serie plagas sobre mí, como si de Moisés me tratara, en un ademán de hacer que mis ganas de pisar mi tierra natal se multipliquen (ya sé que últimamente hago muchas referencias a pasajes bíblicos, pero no se puede renegar de las educación recibida) 

    Comenzó con el agua. Exactamente 4 dias sin agua. Sin poder ducharme, lavar platos, usar la cisterna o limpiar la casa. Nunca me había dado cuenta realmente de lo necesaria y ubicua que es. Sólo puedes valorarla realmente cuando te ves lavandote el pelo con agua calentada en una olla. Agua recogida en botellas en el hospital (donde hay un pozo) y llevadas en bolsas de la compra en un taxi; vamos la manera moderna de lo que hacian nuestras abuelas. Tras 96 horas el grifo volvió a estar lleno (a punto de invocar al dios de la lluvia con bailes africanos)

    Siguió con la luz. Habiamos tenido en otras ocasiones cortes de electricidad en casa, pero esta vez ha sido en la ciudad entera. El hospital quedándose a oscuras continuamente, y el personal rezando para que volviese rápido. Afortunadamente son cortes de poco tiempo (aunque se siguen manteniendo)

    Y por último han llegado las infecciones. Desde la ultima semana llevo una faringoamigdalitis, una gastroenteritis y un catarro que se mantiene y que parece que se convertirá en sinusitis si no consigo aplacarlo. Y que no se me olviden  los mosquitos. Esos diablos voladores que han comenzado a picarme incansablemente, como si mi cuerpo fuera barra libre de sangre.

    De momento, han llegado tres plagas. Espero que el faraón se rinda pronto y que me deje ir a casa sin necesidad de más desgracias

    P.D. La foto es del fin de semana. Había que desconectar un poco 😉

    La mujer de verde

    Aunque el mar parezca tranquilo nunca está en calma y bajo su superficie esperan corrientes pacientemente a ser liberadas. Habían pasado unas semanas de bastante trabajo pero sosegado, del que te deja respirar. Del que te deja dormir por las noches. Pero las aguas volvieron a agitarse y la tormenta regresó. Un niño de un año que llega a la urgencia muerto. Caos. Esfuerzo que no es suficiente. Una vida que no se salva. Dos días mas tarde un niño recién nacido de apenas 1 kilo llega envuelto en una sábana en brazos de su madre. Como Moisés en el cesto traído por el cauce del río. Y tú sintiéndote como la mujer de verde. Pensando que harás cuando  los malos sean más fuertes y volar no sea tan fácil. (Véase la mujer de verde – Izal). Y mientras tanto el bebé mirándote con ojos grandes, mientras que se esfuerza en respirar. Lo coges, lo acomodas en tus brazos y corres hacia neonatología. Te has vuelto a poner el traje. 

    Descubriendo Guinea… Parte II

    En un primer momento vivir en Bata puede parecer poco excitante y con pocas posibilidades… Pero solo el tiempo te permite descubrir sus tesoros. Aqui es os dejo una pequeña parte de los mejores sitios de Bata y sus alrededores.

    Costa del Sol… Lugar tranquilo donde pasar los domingos 🙂

    Mercado de las telas. Vivos colores que elegir para los trajes africanos

    Suits del Mar.. restaurante en Bata con vistas inigualables

    Punta mbonda. Vistas desde la cima de un faro abandonado. Sin palabras

    El Espigón. Playa paradisiaca a una hora de Bata

    Concierto en centro cultural de Bata. Reggae al estilo guineano. 

    https://youtu.be/fctySK-y1xU (video resumen del concierto)

    La ferme Beach. Buen sitio para descansar y disfrutar de la playa

    Las canciones de nuestra vida

    Última semana de  Julio, mitad de verano si estuviera en España. La canción del verano no deja de sonar. Ni allí ni aquí. Porque Luis Fonsi sí que ha hecho el verano y no los del chiringuito de cualquier playa. Aquí estamos en época seca y temperaturas más frescas. Yo en jersey por las noches (el resto del mundo, que parece más bien que son caminantes blancos en vez de españoles, en pantalón corto) El trabajo tranquilo. Tres meses aquí ya han servido para completar la adaptación y poner de acuerdo las expectativas con la realidad. Y todo continúa su camino lentamente, sin prisa, como los nativos.

    Tras la mala experiencia de hace unas semanas esperaba que llegase algo bueno. Pero las cosas buenas no vienen solas, no aparecen de forma gratuita sin esfuerzo. Hoy uno de nuestros bebés prematuros cumple 34 días. Todos y cada uno de ellos los ha pasado con nosotros y todos y cada uno de ellos han sido una lucha por sobrevivir, por no rendirse. Lucha de gigantes (Por fin mi cerebro es capaz de cambiar de melodía y la voz de Antonio Vega apacigua mis neuronas) Muchos días me fui del hospital dudando si al día siguiente me lo encontraría, pero a la mañana siguiente siempre estaba ahí, tranquilo, como burlándose de mi falta de confianza.  Despacio ha ido creciendo y haciéndose fuerte.  Sin prisa, disfrutando cada momento, sabiendo que tiene toda una  vida por delante y que cualquier paso en falso que dé le puede costar muy caro. Ahora el cartel de meta se intuye a lo lejos y no merece la pena correr.

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    Ningun otro prematuro había sobrevivido desde hacía mucho tiempo en este hospital y no había esperanzas en que éste fuera a ser distinto o que nuestros esfuerzos fueran a ser suficientes. Los pájaros nacidos en jaulas creen que volar es una enfermedad (frase robada sin pudor a Alejandro Jodorowsky). Pero nosotros hemos ido creando dia a dia unas alas fuertes que quieren ser usadas y notar el viento entre los espacios creados por sus plumas. Algun día, mi bebé abrirá las alas y dejará atrás la jaula. Y yo seré la mama gallina más contenta del corral.