Crónica de una despedida anunciada

El viernes fue mi último día de trabajo. El último día en La Paz tras tres años de prácticas de estudiante, cuatro años de residencia y uno como médico adjunta. Eso significan 8 de mis casi 30 años, más del 25% del tiempo que llevo viviendo. Creí que después de tanto tiempo me daría tanta pena irme que lloraría ( muy a mi pesar soy de lágrima fácil), pero en vez de eso noté algo mucho peor, una ausencia total de fonendosentimientos. Era como si de repente hubieran absorbido mi energía y hubiera un agujero negro dentro de mí. Pensando en ese momento solo puedo compararlo (por muy freak que suene) a las escenas de Harry Potter donde aparecen los dementores, esa falta total de sentimientos, de sensaciones…

Llegué a mi casa agotada y me quedé en el sofá mirando al infinito durante un tiempo indefinido, el cual supongo no fue muy largo ya que tenía mil planes que hacer más adelante y no podía permitirme el lujo de entrar en bucle filosófico sobre la complejidad humana. Me puse la ropa de deporte y fui al gimnasio a despejarme, olvidándome de lo que había sucedido durante la mañana.

El fin de semana no he tenido que trabajar así que he tenido tiempo de pensar un poco más detenidamente en lo que va a pasar con mi vida a partir de finales de abril cuando coja un vuelo y empiece una nueva etapa. Tiempo para pensar en las cosas y sobre todo en las personas que dejas atrás. Es cierto que nadie es imprescindible para que cada uno de nosotros sigamos viviendo y también es verdad que muy a nuestro pesar (ya que somos animales sociables) la realidad es que a lo largo de nuestra vida pasamos mucho tiempo solos y que tenemos que aprender a hacerlo antes o después. Pero que bonito es permitirte el lujo de que haya personas en tu vida imprescindibles porque sabes que siempre estarán ahí para ti. Aunque te sientas sólo y no veas salida. Incluso cuando reniegas de todo y de todos. Yo tengo la suerte de poder irme a Guinea sabiendo que no dejo a nadie importante detrás porque esas personas siempre estarán conmigo (aunque tenga que comunicarme con señales de humo desde el pueblo más perdido de África) y esa seguridad (aunque a veces se me olvide cuando me siento muy frustrada) no te la puede quitar nadie, ni un dementor ni el propio Voldemort. Y eso es puro lujo.

1 comentario en “Crónica de una despedida anunciada”

  1. Hola Belén!!!!!
    Ya tienes otra seguidora😉
    Que ilusión saber de ti,la verdad que cuando vamos al hospital me hago a la idea de q estas en planta,porque se te hecha de menos,esa sonrisa,el ver como tratas a Daniel(tu gordito)la paciencia que has tenido conmigo…..En fin.
    Bueno tengo que leer bien todo xq lo he leído un poco por encima.te deseo lo mejor,ya lo sabes…..
    Te mando fotitos x el correo.😍

    Me gusta

Replica a Juncal Cancelar la respuesta