Show must go on

Ser médico es duro (casi tanto como madrugar un sábado para hacer deporte) . Es duro y más en un país como Guinea donde los medios que tienes son limitados.

Cada día de trabajo te sientes como el protagonista de las películas o series de acción tu infancia; tan pronto haciendo que el respirador de neonatos funcione cortando y uniendo tubos a lo MacGyver o corriendo por el hospital como si fueras Indiana Jones en “En Busca del Arca Perdida” porque un paciente se ha parado y eres el único médico de guardia. A veces incluso oigo la musiquita de Misión Imposible; otras veces la del coche fantástico.

Pero no todo es oro detrás de las bambalinas. Y en el hospital no hay segundas ni terceras tomas. No puedes repetir una escena si ha salido mal; el paciente a veces sólo tiene pocos minutos para ser salvado y no puede permitirse que tu falles… ni tú tampoco. Y es ahí cuando te acuerdas que ser médico es muy duro. Porque a veces todo el esfuerzo que pones no es suficiente para salvar una vida. Haces unos días se me murió una paciente. No pude hacer más con los medios que tenía. Pero aún así duele, aún así la conciencia no se queda tranquila.

_20170711_205225Ayer vino a visitarme un paciente que curamos y quería despedirse de mi antes de volver a casa. Su abrazo me reconfortó el alma y me dio fuerzas para continuar, al menos 24 horas más.

Luces y sombras en la vida de una pediatra.

Ikea way of life

_20170622_001500.JPGCuando haces un viaje, y más si es un viaje largo como el que yo he hecho hace ya más de dos meses, piensas que tu vida va a cambiar totalmente y por tanto tu forma de pensar, actuar y en definitiva de percibir el mundo exterior. Pero tras unas semanas de adaptación (que a veces es más fácil y otras no tanto) te das cuenta que has vuelto a tus orígenes y que salvo decorados externos todo sigue igual, sin ningún cambio en tu esencia.

Intentas redecorar tu casa pero al final se quedan los mismos muebles, que aunque sean viejos son los que están llenos de anecdotas y recuerdos; los que hacen de tu piso un hogar. Y junto a ellos, se mantienen las mismas normas del comienzo: Nada de entrar con zapatos de la calle, nada de poner el aire acondicionado para que la casa parezca Siberia. Prohibidos los dulces que no son sin azucares añadidos y bajos en hidratos de carbono simple. No a tener las cosas desorganizadas. Sí a disfrutar de un ratito de tranquilidad en la terraza de casa. Sí a poner la música alta y sentir que estás en un concierto. Bienvenidos los amigos y las películas independientes afganas.

Y lo mismo sucede con todos los aspectos de vida. Las reglas son sencillas. Sinceridad, porque no puedes callar tus opiniones. Trabajo duro porque no se te olvida que papá siempre dijo que es lo que realmente cuenta al final del día. Ideas un tanto extremistas, que se ablandan cuando los seres queridos las ponen a remojo con un buen chorro de paciencia. Humor irónico, para que la mente se mantenga ágil. Hiperactividad y café (que sustituye al Redbull que no me gusta) porque el tiempo vuela y correr a veces no es suficiente para llegar a tiempo. Todo esto de la mano de sus opuestos (todo yin tiene su yang): pereza para levantarme de la cama los fines de semana, lloriqueos cada vez que tengo guardia un fin de semana, mutismo para no tener que decir palabras que no se quieren oír, seriedad cuando la mente decide que el entorno no merece la pena…

Y así, sin darme cuenta, traslado mi yo de España a Guinea. Bien envuelto para que no tenga rasguños y en su embalaje original para garantizar la calidad del producto. Y lleva los mismos accesorios que llevaba antes de viajar; alguno podrá perderse, alguno podrá añadirse pero los esenciales siguen ahí. Nota al lector: No se admiten cambios ni devoluciones. Bienvenidos a la República  Independiente de Belén.

El hilo rojo del destino

Tras haber pasado la barrera del mes viviendo aquí (hay que tener en cuenta que el record de menor permanencia de un expatriado ha sido un fin de semana) ya me considero una superviviente al más puro estilo Robison Crusoe. Puede que suene exagerado, pero él consiguió tener de mayordomos a monos (o al menos eso me imagino yo) y yo tengo que ducharme con botellas de agua cada vez que no hay agua ni luz en casa. Eso sí, la mente se hace mucho más aguda y encuentra soluciones para cada impedimento que te encuentras en el día a día. Cuesta cambiar la imagen utópica de ir a trabajar a África que tienes antes de llegar aquí (yo ya me imaginaba de safaris con alguien similar a Robert Redford y teniendo una pequeña granja con una plantación de café) a la realidad de lo que hay aquí. Y sin embargo la capacidad de adaptación del ser humano es increíble y al cabo de pocas semanas te sientes que éste es tu hogar; ya dice el anuncio de Aquarius que el ser humano es extraordinario.

Sólo hay una cosa que por mucho que esté aquí no podré adaptarme a su ausencia. Últimamente existe la moda de la leyenda japonesa del hilo rojo del destino que te une a tu alma gemela. Un hilo que va desde tu meñique al meñique de la otra persona, desde tu corazón hasta su corazón. Yo sin embargo me imagino una red de hilos que van desde mi mano y recorren miles de kilómetros hasta donde está no mi alma gemela, sino los trocitos de corazón que dejé al marcharme. Hilos que se entrelazan para llegar a mi familia y a mis amigos. Hilos que llegan a personas a las que he cuidado mientras estaba en Madrid y que han hecho un hueco en sus corazones para que el pedacito que yo les he dado esté a buen recaudo. Porque no hay nada más sincero que el amor de los que día a día están en tu vida sin esperar nada a cambio. Porque un mensaje recibido únicamente para interesarse por ti no tiene precio. Gente que te quiere en su vida porque sí, sin razón aparente y que a pesar de que te hayas embarcado en una nueva aventura quieren seguir siendo tu faro. Porque algún día estarás ciego, y sólo su luz podrá guiarte al hogar. Home is where they are.

Así que voy a tener que comprar más hilo rojo para que haya la distancia que haya los hilos no se queden cortos y la luz no se apague nunca.

El dios de las pequeñas cosas

Siempre tras una época de entusiasmo abrumador y un tanto idealista viene el momento en el que te chocas con la dura realidad (y menuda torta que me he llevado, vamos que todavía tengo la marca de los dedos en la cara) . Empiezas a ver todas las cosas negativas del nuevo sitio en el que vives y echas de menos absolutamente todo lo español (bueno, todo no, que tampoco hay que exagerar tanto). Yo sobre todo lo que empecé a echar de menos al final de la semana anterior es la independencia. Y no me refiero a cosas feministas ni cosas por el estilo, sino a la independencia como individuo. Poder salir a pasear, poder ir a la compra o coger el coche para visitar algo en la otra punta de la ciudad. Cuando llegamos nos dijeron que todo era muy peligroso y que no se podía hacer nada sin ir acompañado y esa situación ha ido atrapándome hasta encarcelarme por completo. El domingo sentía las esposas apretándome las muñecas sin dejar pasar la sangre y una coraza que me impedía respirar. En ese momento te empiezas a plantear si has hecho una buena elección y hasta empiezas a valorar la vuelta a casa; aunque sea una derrota, aunque hayas fracasado

Pero no todos los días son domingo. Y tras una noche mala llega el lunes, día que tienes libre por la mañana porque por la tarde estás de guardia. Y decides que ya está bien, que no seguirás atrapada porque te has dado cuenta de que las cadenas son palabras, simplemente palabras. Entonces coges tus cascos y tus gafas de sol, paras un coche (como hacen todos los guineanos aquí) y le dices que te lleven al paseo marítimo. Comienzas a dar un paso y después del primero otro más. Las esposas van aflojándose y el aire empieza a fluir por tus pulmones de nuevo. Oyes unas risas y ves a unos niños bañándose en un riachuelo que da al mar. Recuerdas el título de tu libro favorito (El dios de las pequeñas cosas, Arundathi Roy) y asientes con la cabeza, reconociendo la importancia de las cosas que parecen nimiedades en un principio. Sigues caminando, ahora ya con una sonrisa. Has vuelto a ser libre… y dios qué bien sienta la libertad.

El gran Prix

¡Bienvenidos al Gran Prix! Hoy tenemos el placer de presentarles como concursante a la Doctora Delgado, que viene en representación de pediatría. Les hemos preparado para esta noche un gran show lleno de sorpresas. Hoy el programa se sitúa en Guinea y el objetivo de nuestra participante será sobrevivir a su primera guardia en el hospital. ¡Que comience el juego!

Primera prueba: conseguir que la paciente de neonatos no se vuelva a extubar hasta al menos el día siguiente, ya que es de intubación muy difícil y no hay anestesistas en el hospital. Belén cree que tiene posibilidades de conseguirlo, pero de repente la bebé se agita cuando la cogen para cambiarla de posición y acabe con el tubo fuera. Mal comienzo para la concursante… Corre por la pediatría y comienza a dar ambú, consiguiendo remontar la saturación rápidamente. Tiene un tubo preparado pero no está de su capacidad para reintubar a la paciente. Tras meditar unos segundos decide colocarle CPAP en cánulas nasales y rezar a todos los dioses que conoce y también a los que no conoce. La neonata parece que se queda tranquila. La invocación a las distintas fuerzas del universo ha funcionado (Tanto que se pasa toda la tarde tronando y diluviando y la concursante llega a pensar que ha comenzado el Diluvio Universal). Primera prueba conseguida.

Segunda prueba: Hacerse con el control de la Urgencia de Pediatría. Aunque pueda sonar sencillo la realidad es bien distinta. Los niños se han ido acumulando allí sin que nadie haya avisado y varios padres quieren irse a casa (es el derbi madrileño y aquí al igual que en España la gente no va a la urgencia si hay fútbol… hay cosas que nunca cambian). Las analíticas no están listas, la paciente que tiene que ingresar lleva esperando dos horas a no se sabe bien qué… La concursante sabe cómo actuar, ya le ha pasado esto muchas veces al coger la guardia en Madrid y sin dudar comienza a explorar pacientes como si fuera una cadena de montaje y a mandar tratamientos. En menos de una hora ha organizado todo y los padres agradecidos se van a sus casas con la bufanda de su equipo puesto. ¡Pan comido!

Tercera y última prueba: Ser capaz de dormir en el cuartito que tienen preparado para los pediatras y en el que hay de media una temperatura de 40ºC. Belén se dispone a dormir colocando el ventilador sobre su cara (en aire acondicionado lleva años sin funcionar). En este momento se arrepiente de no haber ido nunca a las clases de Bikram Yoga para ser capaz de aclimatarse al calor de la habitación. Se acuesta con el walkie- talkie al lado de su oído para poder oír las llamadas y tras un rato de dar vueltas se duerme. Pasan las horas sin incidencias hasta que a las 4 de la mañana llama una enfermera desde el walkie-talkie para que vayan a la maternidad. La concursante se levanta desorientada pero con agilidad se levanta y se calza en un segundo… Corre de nuevo por el pasillo de pediatría hasta llegar al control y sin aliento pregunta que dónde la necesitan. La matrona mira con cara de no saber qué le está preguntando así que Belén corre por las salas, sin encontrar ningún parto. Vuelve al control de enfermería y al volver a preguntar le dice que sólo querían un celador. Falsa alarma. De vuelta a la cama.

Como es la primera vez que participa en este concurso el público pide que se la perdonen el resto de las pruebas. Duerme el resto de la noche. ¡Prueba superada! Mañana le toca integrarse en la feria de abril Guineana… La concursante de sangre norteña tendrá que esforzarse para sacar algo de arte andaluz. Pero eso ya será otro capítulo que contar, así que de momento a disfrutar que es viernes… ¡y Olé!

El Niágara en bicicleta

¡TGIF! O en versión española: menos mal que es viernes porque estaba a punto de dejarlo todo y unirme a los hare krishna. Aunque la semana parecía que iba a ser sencilla ya que sólo iba a trabajar 4 días la realidad ha sido bien distinta. La semana pasada estuve yendo al hospital en modo prácticas viendo cómo trabajaban aquí y haciéndome al servicio pero esta semana he estado by myself. Y eso quiere decir que tenía que estar para la UCI, neonatos, la maternidad, la planta y la urgencia. De arriba abajo constantemente y con la sensación de dejar a los pacientes “con pinzas” mientras que iba a ver a otros. El miércoles se pararon 4 niños a la vez y uno de ellos en otra planta distinta de la que me encontraba… Ese día cuando acabó la jornada laboral me imaginaba como Rambo gritando: ¡no siento las piernas! Lo bueno que lo mío era únicamente por cansancio y voy a poder seguir poniéndome tacones.

Y luego está la falta de medios… igualito que en la canción de Juan Luis Guerra. Yo me he visto haciendo rotación con los respiradores porque tenía más niños intubados que respiradores en la unidad… eso sí, voy a hacer músculos de tanto dar al ambú

Pero como decía. Por fin es viernes y toca descansar el fin de semana. No hay mayor satisfacción que estar tumbado en la arena de playas paradisíacas mientras que sabes que algún paciente está vivo gracias a ti… ¡Feliz fin de semana!

Antes de que se acabe el tercer día…

Después de algo más de 72 horas en Guinea Ecuatorial y 3 días de trabajo en el hospital es el momento de realizar un balance preliminar de mis primeras impresiones… ¿Me imaginaba así el país? Pues la verdad es que no. ¿Me está gustando vivir aquí? De momento sí. Todos estaréis pensando que seguramente yo tenía una imagen utópica y romántica del país (tipo memorias de África cuando le lavan el pelo a Meryl Streep) y que por eso no venía preparada, pero yo estuve un mes viviendo en Etiopía y hace un par de años fui de vacaciones a Gambia así que algo ya podía imaginarme. Si miras en la web del ministerio de exteriores te dice que el país no es inseguro y no te da recomendaciones especiales sin embargo una vez aquí te explican que nunca (y cuando digo nunca es NUNCA) puedes salir sola de casa, ni de día ni de noche… Yo me siento como la sirenita queriendo conocer la ciudad y teniendo un Sebastián diciéndome que es peligroso pero «el exterior quiero formar parte de éééééél»…. De momento me conformo con ir a algún bar con el resto de expatriados (que son los medicos/enfermeras que no son guineanos) y en un futuro ya se verá si puedo sacar mi vena aventurera…

Y luego está el hospital… Qué decir del hospital. Después de un año de adjunta en la unidad de nutrición se me hace un mundo tener que tratar niños en intensivos, ya sean pediátricos o neonatales.

Todas estas mañanas he estado  intentando recordar qué es lo que aprendí en las guardias de neonatos (aparte del monitoring) y en las de CIP (sin contar que la albumina es el enemigo). Asi que aquí estoy, como en los tiempos de resi pero con muchos menos recursos.IMG_20170426_115858_610.jpg

Solo me queda decir que  hoy, cuando ha llegado un niño atropellado con un traumatismo craneal grave, y mientras me temblaban las piernas pensando en el teléfono rojo de la UCI, me han presentado al intensivista que me ha dicho que se llamaba Juanjo (nota: el intensivista del hospital donde trabajaba antes y que era un crack  también se llamaba Juanjo) y en ese momento he sabido que era una señal divina. ¡Así que manos a la obra!

Más información sobre la vida aquí en mi próxima entrada… ¡Nos vemos!

It’s the final countdown

Estoy a 72 horas de coger el vuelo que me llevará a mi nueva casa y ahora mismo mi actual hogar es un puro caos. La última vez que me viví fuera de España fue en la carrera cuando me fui a Manchester de Erasmus con 23 años y sin mucha sensación de que fuera a cambiar mi vida en lo más mínimo salvo hablar en inglés y no poder comer croquetas (cosa que para mí es una verdadera tragedia… tanto es así que llegué a intentar hacerlas, con resultados por supuesto nefastos aunque mi compañero de piso se las comiera por pena). Pero ahora las cosas son distintas y tengo que planear bien qué es lo que de verdad necesito llevarme. Entonces, como buena persona con tendencia a ser algo obsesiva y rigurosamente ordenada, me hice hace alrededor de un mes un excel con todo lo que debería llevarme. Por supuesto clasificado por colores según fuera ropa, utensilios de aseo, botiquín (dada mi dermatitis atópica y no sabiendo muy bien qué tal va a sentarme el clima tropical llevo corticoides como para tratar una familia de ballenas), cosas de electrónica y otras tantas categorías. Así que principios de esta semana, cuando iba a empezar a hacer la maleta, estaba muy contenta porque estaba todo organizado e iba a ser muy fácil y rápido meterlo todo en las dos maletas que me voy a llevar, Por supuesto esto no ha sido así. A medida que fui revisando habitación por habitación de mi casa he ido encontrando cosas “imprescindibles” como puede ser un traje de neopreno, una esterilla para mis ejercicios de bodybalance o una batidora (supongo que ya habréis dado por hecho que ni sé hacer croquetas ni cosas mucho más sencillas… pero nunca se sabe si Guinea será el lugar donde nazca una nueva vocación). Conclusión: hoy me he visto con una lista infinita con más de la mitad de las cosas por tachar, las dos maletas llenas y no sabiendo qué sacar de ella, si la plancha de ropa o el libro de intensivos pediátricos. Lo que si que he sacado en claro es que lo de hacer maletas no es lo mío y que o consigo un porteador de maletas como los sherpa en el Himalaya o voy a tener que vaciar la maleta y empezar de nuevo. May the force be with me.

Cuando el miedo te acecha

Había pasado casi una semana desde que me despedí del trabajo y estaba contenta porque lo estaba llevando bien, sin notar mucho cambio en mi día a día (Ayudaba que había tenido que ir varios días al hospital creando la falsa sensación de que mi vida no iba a cambiar) Y de repente todo cambia, cuando menos te lo esperas, con cosas nimias que no les das importancia en un primer momento.

Ayer fui a llevar mi pasaporte para que tramitaran el visado y sólo cuando llegué a casa me di cuenta de la realidad… porque ya no hay vuelta atrás. Mi vida va a cambiar por completo en dos semanas sin saber qué camino he escogido, si es el adecuado o no. Por supuesto no podía faltar la ayuda del peor enemigo de las cosas nuevas.IMG_20170408_105344_343. el miedo. Esperaba su llegada desde que decidí que era el momento de hacer un cambio en mi vida, pero estaba tardando tanto en aparecer que me había relajado.. gran error. Llegó con ganas de anclarse dentro de mí, para ver si podía conseguir que me hundiera en las dudas, y mejor aún en el arrepentimiento por haber haber hecho una mala elección. Empecé a sentir como al miedo le crecían manos que me comprimían el tórax, impidiendo que entrara aire en mis pulmones. La sensación de hundirse era cada vez más real… incluyendo sensación de ahogo. Menos mal que soy gran fan del cine y mientras mi cuerpo experimentaba las peores pesadillas mi mente recordó que cuando huye la suerte ( o en mi caso cuando las dudas o el miedo te impiden ver las cosas con claridad) no hay mejor opción que la que nos enseñó Dory: sigue nadando, sigue nadando…. y si el enemigo te quiere vencer… sigue luchando.

Crónica de una despedida anunciada

El viernes fue mi último día de trabajo. El último día en La Paz tras tres años de prácticas de estudiante, cuatro años de residencia y uno como médico adjunta. Eso significan 8 de mis casi 30 años, más del 25% del tiempo que llevo viviendo. Creí que después de tanto tiempo me daría tanta pena irme que lloraría ( muy a mi pesar soy de lágrima fácil), pero en vez de eso noté algo mucho peor, una ausencia total de fonendosentimientos. Era como si de repente hubieran absorbido mi energía y hubiera un agujero negro dentro de mí. Pensando en ese momento solo puedo compararlo (por muy freak que suene) a las escenas de Harry Potter donde aparecen los dementores, esa falta total de sentimientos, de sensaciones…

Llegué a mi casa agotada y me quedé en el sofá mirando al infinito durante un tiempo indefinido, el cual supongo no fue muy largo ya que tenía mil planes que hacer más adelante y no podía permitirme el lujo de entrar en bucle filosófico sobre la complejidad humana. Me puse la ropa de deporte y fui al gimnasio a despejarme, olvidándome de lo que había sucedido durante la mañana.

El fin de semana no he tenido que trabajar así que he tenido tiempo de pensar un poco más detenidamente en lo que va a pasar con mi vida a partir de finales de abril cuando coja un vuelo y empiece una nueva etapa. Tiempo para pensar en las cosas y sobre todo en las personas que dejas atrás. Es cierto que nadie es imprescindible para que cada uno de nosotros sigamos viviendo y también es verdad que muy a nuestro pesar (ya que somos animales sociables) la realidad es que a lo largo de nuestra vida pasamos mucho tiempo solos y que tenemos que aprender a hacerlo antes o después. Pero que bonito es permitirte el lujo de que haya personas en tu vida imprescindibles porque sabes que siempre estarán ahí para ti. Aunque te sientas sólo y no veas salida. Incluso cuando reniegas de todo y de todos. Yo tengo la suerte de poder irme a Guinea sabiendo que no dejo a nadie importante detrás porque esas personas siempre estarán conmigo (aunque tenga que comunicarme con señales de humo desde el pueblo más perdido de África) y esa seguridad (aunque a veces se me olvide cuando me siento muy frustrada) no te la puede quitar nadie, ni un dementor ni el propio Voldemort. Y eso es puro lujo.