Como buena tradición médica de no perderme algún festivo en la Urgencia, ayer me tocó trabajar 24 horas. Son los gajes del oficio. Esperaba al menos que hubiera suerte y fuera tranquila
Pero en el hospital no hay descanso ni tregua por Navidad; niños y adultos tienen que mantenerse en la batalla para poder ganar la guerra, o al menos, esta vez.
Hoy la batalla de uno de mis pacientes prematuros acabó. Ingresado desde hace 10 días junto a su hermana gemela, estuvo luchando hasta que su pequeño cuerpo de apenas 700 gramos no pudo más. El corazón desgarrado por la infección no consiguió un latido extra. Sus párpados pesaban demasiado para volver a abrirse. Y así, silencioso se fue de nosotros.
Un silencio que no pasó desapercibido por su hermana que, con la cabecita mirando hacia él, derramó pequeñas lágrimas a modo de despedida
No hay nada qu pueda hacerme olvidar esa imagen. Permanecerá en mí como una pequeña cicatriz interna. Ahora solo queda esperar que la hermana se mantenga fuerte y que gane a la muerte. Por ella. Por los dos.
