Aunque el mar parezca tranquilo nunca está en calma y bajo su superficie esperan corrientes pacientemente a ser liberadas. Habían pasado unas semanas de bastante trabajo pero sosegado, del que te deja respirar. Del que te deja dormir por las noches. Pero las aguas volvieron a agitarse y la tormenta regresó. Un niño de un año que llega a la urgencia muerto. Caos. Esfuerzo que no es suficiente. Una vida que no se salva. Dos días mas tarde un niño recién nacido de apenas 1 kilo llega envuelto en una sábana en brazos de su madre. Como Moisés en el cesto traído por el cauce del río. Y tú sintiéndote como la mujer de verde. Pensando que harás cuando los malos sean más fuertes y volar no sea tan fácil. (Véase la mujer de verde – Izal). Y mientras tanto el bebé mirándote con ojos grandes, mientras que se esfuerza en respirar. Lo coges, lo acomodas en tus brazos y corres hacia neonatología. Te has vuelto a poner el traje.
