Última semana de Julio, mitad de verano si estuviera en España. La canción del verano no deja de sonar. Ni allí ni aquí. Porque Luis Fonsi sí que ha hecho el verano y no los del chiringuito de cualquier playa. Aquí estamos en época seca y temperaturas más frescas. Yo en jersey por las noches (el resto del mundo, que parece más bien que son caminantes blancos en vez de españoles, en pantalón corto) El trabajo tranquilo. Tres meses aquí ya han servido para completar la adaptación y poner de acuerdo las expectativas con la realidad. Y todo continúa su camino lentamente, sin prisa, como los nativos.
Tras la mala experiencia de hace unas semanas esperaba que llegase algo bueno. Pero las cosas buenas no vienen solas, no aparecen de forma gratuita sin esfuerzo. Hoy uno de nuestros bebés prematuros cumple 34 días. Todos y cada uno de ellos los ha pasado con nosotros y todos y cada uno de ellos han sido una lucha por sobrevivir, por no rendirse. Lucha de gigantes (Por fin mi cerebro es capaz de cambiar de melodía y la voz de Antonio Vega apacigua mis neuronas) Muchos días me fui del hospital dudando si al día siguiente me lo encontraría, pero a la mañana siguiente siempre estaba ahí, tranquilo, como burlándose de mi falta de confianza. Despacio ha ido creciendo y haciéndose fuerte. Sin prisa, disfrutando cada momento, sabiendo que tiene toda una vida por delante y que cualquier paso en falso que dé le puede costar muy caro. Ahora el cartel de meta se intuye a lo lejos y no merece la pena correr.

Ningun otro prematuro había sobrevivido desde hacía mucho tiempo en este hospital y no había esperanzas en que éste fuera a ser distinto o que nuestros esfuerzos fueran a ser suficientes. Los pájaros nacidos en jaulas creen que volar es una enfermedad (frase robada sin pudor a Alejandro Jodorowsky). Pero nosotros hemos ido creando dia a dia unas alas fuertes que quieren ser usadas y notar el viento entre los espacios creados por sus plumas. Algun día, mi bebé abrirá las alas y dejará atrás la jaula. Y yo seré la mama gallina más contenta del corral.

Solo por ver a esa madre con su bebé merece la pena tanto sacrificio y carencias. Eres un ejemplo hijita. Un orgullo para nosotros,tu familia. Y para mi,tu madre, representas lo mejor que tenemos las personas: amor y generosidad. Y perseverancia.
Ejemplos como el tuyo ayudan a superar la mezquindad del ser humano, el egoismo, la insolidaridad, la miseria…
Una vez más quiero decirte cuanto te quiero. No hay palabras!
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