Había pasado casi una semana desde que me despedí del trabajo y estaba contenta porque lo estaba llevando bien, sin notar mucho cambio en mi día a día (Ayudaba que había tenido que ir varios días al hospital creando la falsa sensación de que mi vida no iba a cambiar) Y de repente todo cambia, cuando menos te lo esperas, con cosas nimias que no les das importancia en un primer momento.
Ayer fui a llevar mi pasaporte para que tramitaran el visado y sólo cuando llegué a casa me di cuenta de la realidad… porque ya no hay vuelta atrás. Mi vida va a cambiar por completo en dos semanas sin saber qué camino he escogido, si es el adecuado o no. Por supuesto no podía faltar la ayuda del peor enemigo de las cosas nuevas.
. el miedo. Esperaba su llegada desde que decidí que era el momento de hacer un cambio en mi vida, pero estaba tardando tanto en aparecer que me había relajado.. gran error. Llegó con ganas de anclarse dentro de mí, para ver si podía conseguir que me hundiera en las dudas, y mejor aún en el arrepentimiento por haber haber hecho una mala elección. Empecé a sentir como al miedo le crecían manos que me comprimían el tórax, impidiendo que entrara aire en mis pulmones. La sensación de hundirse era cada vez más real… incluyendo sensación de ahogo. Menos mal que soy gran fan del cine y mientras mi cuerpo experimentaba las peores pesadillas mi mente recordó que cuando huye la suerte ( o en mi caso cuando las dudas o el miedo te impiden ver las cosas con claridad) no hay mejor opción que la que nos enseñó Dory: sigue nadando, sigue nadando…. y si el enemigo te quiere vencer… sigue luchando.
